El negocio de un oficio.
Óscar Sánchez Lozano es encuadernador. En pleno centro de Madrid (c/ Colón,15), regenta la Eriza, convirtiendo en negocio un oficio con historia. Con casi cinco años de vida, ha logrado situarse como un referente a nivel nacional, compaginando su función de encuadernación con la de sala de exposiciones. Una visita obligada, en la que poder disfrutar de la tradición adaptada a nuestros tiempos.
Kultura Urbana (KU): ¿Cómo surgió la idea de La Eriza?
Óscar Sánchez Lozano (ÓSL): Me vine a vivir a España y no soportaba la idea de buscar trabajo en un taller, así que me inventé el que yo quería.
(KU): ¿Cómo aprendiste el oficio?
(ÓSL): Estudié lo básico en plan hobby. Me enganché y continué en plan autodidacta en casa. Luego empecé Bellas Artes y juntándolo con lo que sabía me hizo investigar mucho sobre el mundo del libro como objeto. Luego entré a varios talleres de encuadernación en plan freelance hasta que me quedé en uno donde aprendí lo que yo llamo ‘el oficio'. Esto fue lo que me terminó de lanzar a montar mi propio negocio.
(KU): ¿Encuadernaciones por algo en especial?
(ÓSL): El libro ofrece muchas posibilidades como objeto: interior, exterior, la relación íntima entre el que lo lee y el libro, y también entre el encuadernador y ese mismo libro... Creo que es más interesante concebir mi obra como negocio que como obra de arte. De ahí que tenga una tienda/taller y no esté en una galería de arte.
(KU): Además realizas exposiciones en tu local, ¿es una forma de asociar tu oficio con el arte?
(ÓSL): La razón principal de La Eriza como espacio de exposiciones fue darme el capricho de poder crear un espacio serio donde colgar trabajos que de otra forma no podrían ser vistos facilmente. Está el círculo de galerías y el círculo underground con espacios alternativos con espacios alternativos. Cuando estudié Bellas Artes percibí esa dicotomía como algo antagónico en muchos aspectos y noté la falta de espacios que pudieran ofrecer trabajos afines a los dos pero sin ser de uno de ellos específicamente. Cuando ví el local y decidimos la distribución de las salas, pensé en el espacio de la tienda como un lugar idóneo para enseñar trabajos de otras personas. La política de las exposiciones es que sean trabajos donde el papel esté presente, consiguiendo un nexo entre lo que hacemos y lo que exponemos. Obviamente tanto el tipo de público como los artistas son afines a mi negocio. Es otra forma de promocionarnos.
(KU): ¿Relacionas la encuadernación con el arte?
(ÓSL): La encuadernación se relaciona con el arte de la misma forma que cualquier oficio artesanal. Es más bien una relación de acercamiento del arte hacia la artesanía, lo que hace que un libro pueda ser entendido como objeto artístico. El arte es algo que necesita soporte (de cualquier tipo, ya sea conceptual o físico), mientras que un libro siempre será un libro más allá de si es artístico o no lo que le hace existir.
(KU): Cuando ves noticias como la del IPAD, ¿te tiemblan las piernas?
(ÓSL): Creo que el IPAD supone una amenaza al mundo editorial y eso cambiará la estrategia del editor, no la del encuadernador artesanal. En el libro hay factores físicos insustituibles por una maquinita de botones. Suena muy nostálgico, pero también suena muy integro a niveles culturales de aspectos sobre quiénes somos y de dónde venimos. El cine irrumpió en el mundo del espectáculo haciendo que el teatro, la opera, el ballet e incluso la literatura cambiaran su estrategia de mercado. El IPAD es un nuevo gadget. Yo como artesano no lo concibo como amenaza, de hecho ya hemos hecho unas tapas a algún IPAD... Curiosamente en piel y con toda la parafernalia del libro antiguo... ¡El ser humano puede ser muy kitsch!
(KU): En una sociedad tan tecnológica, ¿se ha convertido algo tan antiguo como la encuadernación que tú ofreces en un servicio de lujo?
(ÓSL): La tecnología no debería desterrar algo tan antiguo como la encuadernación. De hecho, la libertad y la sofisticación de una sociedad deberían fundarse en la convivencia y el enriquecimiento mutuo de esas disciplinas. El lujo se concibe como algo exclusivo pues se creyó en algún momento de la sociedad capitalista que la belleza era patrimonio de los que tienen dinero y no necesariamente el gusto. Precisamente esta coexistencia de tecnología y oficio permite que mi mercancía llegue a más gente que en cualquier otro momento. Lo único es que hoy día la educación del cliente falla: falta el refinamiento y la educación de cuidar las cosas, como un libro. Estamos en una cultura en la que desechar sale rentable. Es como un sinsentido. Si por lujo entendemos algo de otros tiempos (toma ya, otro sinsentido) entonces tal vez mi negocio como encuadernador lo sea.
(KU): ¿Es rentable económicamente un negocio tan manual hoy en día?
(ÓSL): En mi caso es mi apuesta. Si cambias la palabra negocio por oficio verás cómo todo cobra otro sentido. Entran a colación términos como dedicación, excelencia, gusto por lo que se hace, afán de superación... Si quisiera beneficios económicos abriría un bar o una peluquería. No me quiero poner pesimista. Pero desde luego para mi sería inconcebible una cultura occidental sin libros. Al menos por el tiempo que me va a tocar vivir. Y mientras exista un libro y un lector, habrá un taller de encuadernación.
(KU): ¿Algo que añadir?
(ÓSL): ¿Alguna vez compraste un libro por su portada? Y, ¿alguna vez compraste un libro sin portada?