Aportemos cuatro nociones poco reveladoras y una buena razón para leer lo último de Michel Houellebecq. Al escritor francés se le ha llamado de todo: cáustico, frívolo, provocador, deprimente, escritor brillante, mediocre, mediano... ¿Resulta novedoso cualquier otro epíteto para sus lectores? Creo que no. Lo que sí demuestra 'El mapa y el territorio', premiada con el Goncourt, es que su autor es un escritor valioso, con un metal de voz bien reconocible.
Su pulso de escritor hace ahora gala de una sólida arquitectura narrativa, sin paralelo en su obra. La cosmovisión de Houellebecq, por lo demás, no ha experimentado cambio alguno. Ya lo decía Ingmar Bergman: el hombre no sólo no cambia, sino que va a peor. La obra gravita en torno a cuatro nociones presentes en la obra de Houellebecq desde Ampliación del campo de batalla, pero ahora más intensas, más concentradas, más indigestas.
Relaciones familiares: por definición, traumáticas. El vínculo entre Jed Martin, celebrado artista plástico, y su padre, un arquitecto adinerado, es prácticamente inexistente, y además absurdo. Una poética del vacío analizada a través de detalles en apariencia inconexos.
Sexualidad: si no fuese un enigma, sería traumática. Jed Martin inicia una relación con una rusa fascinante que acaba de un modo tan abrupto como comienza. Tras esto, no vuelve a sentir el aguijoneo del sexo.
El miedo a envejecer: más que miedo, horror. La novela despliega un poderoso arsenal de razones para convencer a sus lectores de que deben terminar sus vidas antes de cumplir los cuarenta.
El éxito: Jed comienza su carrera en los escaparates de moda de nuestra sociedad contemporánea. Cócteles, restaurantes, recepciones en galerías: no falta de nada. Jed pasa casi de puntillas por esta galería de apariencias, y al lector no le cuesta comprender por qué.
Si 'El mapa y el territorio' no explora nuevas dimensiones temáticas dentro del mapa literario de Houllebecq, ¿por qué emprender entonces la lectura de sus 377 páginas? Si pasamos por alto su sabor ya conocido y su tendencia a la paranoia, es un modo más que aceptable de saber qué está ocurriendo en Occidente.