Una década después del estreno de la obra debut de Sasha Waltz, 'Korper' se presenta como un clásico de la danza contemporánea.
La pieza 'Körper' -cuerpos en alemán- se presenta en en el teatro berlinés Schaubühne, diez años después haber sido estrenada como la primera creación de la coreógrafa alemana Sasha Waltz -nacida en 1963, una niña prodigio de la danza contemporánea que llegó a la fama tras estudiar en Amsterdam y Nueva York-. La obra se erige ya como un clásico de la danza contemporánea y fue, sin duda, una energética salida hacia la exitosa carrera de Sasha Waltz, quien trabaja desde la sala Radialsystem V en Berlín, junto con su compañía Sasha Waltz & Guests.
Si bien el título no remite a ninguna nueva dimensión en la danza -incluso 'Körper' podría parecer el nombre de un mediocre baile de principiante-, los cuerpos de Sasha Waltz -es decir, aquellos de sus exquisitamente seleccionados bailarines- nos transportarán, delicados y vigorosos, a lo largo de las escasas dos horas de la pieza hacia un intrincado complejo de sensaciones. 'Körper' se abre con un conjunto de breves movimientos coreográficos, solos y dúos de bailarines vestidos de negro; un comienzo que no es más que el aperitivo servido antes de la primera cima de la coreografía: trece bailarines comenzarán a invadir el pequeño espacio de una caja incrustada en la pared negra del centro del escenario. Los cuerpos, casi desnudos, se mueven lentos, como al borde la asfixia, restregándose entre ellos y contra el cristal que los separa del público; en todas direcciones, la carne puebla el espacio vertical. Toda una afirmación de lo que se sucederá a partir de ahora.
Una pequeña escena en que se ponen en venta órganos precede entonces a una danza de movimientos diminutos y dolorosos en que los bailarines se estirarán de la piel, levantándose unos a otros sosteniéndose por el pellejo, que se estira explicitando la materialidad del cuerpo. Todo este preludio de orden deja paso entonces a una explosión energética que impone el caos sobre escena; se instaura el "libre albedrío" y los cuerpos construyen su universo propio entorno a si mismos: una bailarina portuguesa cuenta en voz alta los pelos de su melena, otro esquía sobre un muro, un tercero fuma dentro de una urna transparente... El desorden estalla en un ruido atronador que marca el comienzo del último movimiento de 'Körper', donde los trece cuerpos se disponen a bailar en formaciones grupales que crean una unidad a partir del conjunto de todos ellos.
A través de todas estas partes se estructura el complejo esquema narrativo de la obra, que grita a favor de una exploración de los límites del cuerpo en una danza acompasada que describe una historia ascendente, la cuál necesita acabar convirtiéndose en una visión megalómana de la danza contemporánea. 'Körper' se nos desvela entonces como un eléctrico impulso a todos los sentidos que nos hará contener la respiración en el hall del teatro a la salida de la sala de danza. Una delicatessen de cuerpos aquellos de Sasha Waltz.