"Mira aquí, aquí, aquí. Para. Ojos hacia la cámara, ojos hacia la cámara". La joven artista alemana Britta Thie desdobla su persona en la pantomima de una sesión fotográfica.
Entre otras posibles características de la obra 'Shooting', de Britta Thie, cabe pararse a pensar en las relaciones establecidas entre varias pantallas que charlan entre si; desde hace largo tiempo, el dispositivo videográfico, presentado en una instalación, permite dotar de entidad casi matérica a la representación de un busto parlante y crear una suerte de montaje narrativo externo en extremo -los dos o más televisores se enfrentan en una sala desde un punto de vista evidente, casi geográfico-. Es el caso de un acertadísimo trabajo de Bruce Nauman, 'Good Boy, Bad Boy' -si bien es cierto que en este ocasión la comparación parece pender de un hilo- donde un hombre negro y una mujer blanca reflexionan en una conversación de sordos sobre sus bondades y maldades, en un discurso que pone en tela de juicio los límites de la representación del individuo y, sobre todo, de la percepción del relato por el espectador, que ante los dos monitores, se enfrenta a una nueva forma de contar las cosas.
El trabajo de Britta Thie también se encarga de cuestionar las identidades, poniéndose incluso ella misma en escena para representar los dos personajes de su relato. Trabaja además con la fotografía como muestra de la identidad -uno sólo es sólo su fotografía o todo es representación-, o con dos rostros que mutan según su estado de ánimo, en fin, la cara como reflejo del alma.