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La res y el matador

Nico Grijalba de la Calle

Desbordado y atrapado, así se siente el espectador cuando entra en la proyección chorreante de 'El Rito', videocreación de Isaki Lacuesta. La violencia que exhibe esta pieza audiovisual, que se pudo ver dentro del Festival de Málaga en el Espacio 5 del CAC, es el fiel reflejo del trabajo diario en un matadero cualquiera de nuestro país (en este caso en el de Salt, en Gerona). El realizador y sus ayudantes recuerdan el calor y el "olor casi insoportable" que se vivía en estas instalaciones; también, aseguran, que pese a la gran impresión que allí sufrieron nunca dejaron de comer carne.

No es, por tanto, lo que Lacuesta nos propone un ejercicio de concienciación vegetariano. Los límites de su desagradable pintura -constantemente me vinieron a la mente las palabras de Francis Bacon sobre su atracción por las carnicerías- se enmarcan dentro de la figura (mística) del matador: aquel que hunde el cuchillo sobre la carne viva y que mancha sus manos con el barro primigenio. Las vacas y los terneros, los toros atolondrados, descansan sus carnes prietas contra el frío metal de las instalaciones. La caída por las rampas estremece, la res colgada por una pata se encuentra con su verdugo, la fría hoja del metal reluce en este espacio oscuro, donde la proyección es un chorro de sangre hirviendo que nos empapa. Sabemos, entonces, que nos enfrentamos a la crueldad necesaria y bendita de cada día, idea que Nietzsche identificaba con uno de los placeres más antiguos de la humanidad. Ergo Caín, querido Abel.

¿Pero por qué entonces 'El Rito'? Lacuesta, desbordado por la viscosa apariencia de la realidad, comprende que el ritual se instaura cuando determinados actos ceremoniosos se repiten invariablemente, apenas conscientes del paso del tiempo. Estos sacrificios, celebrados posteriormente en sartenes y ollas, con los comensales abriendo bien sus fauces -otro ritual-, hacen de la carne palpitando, girando en estertores, con la lengua fuera, la mirada vacua vacuna, un encuentro extraordinario entre la bestia y el hombre, confundiéndose las miradas. El calor a borbotones como la sangre. Levítico, perteneciente a la tribu de Leví. "El sacerdote depositará la ofrenda sobre el altar y le arrancará la cabeza. Luego hará arder la cabeza sobre el altar y escurrirá la sangre de la víctima por la pared del mismo". Artaud aplaudiría a rabiar, sangrando sus manos locas de loca excitación.

'El Rito', documental de ocho minutos de duración, realizado para el nuevo número de la revista Matador, esta vez coordinada por el artista Miquel Barceló. Luego, nosotros, a los dos minutos de proyección nos salimos. Lo bello, ser carne palpitando, exudando; y lo terrible, degollados y magullados.

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