Tomo el guante. Era lo único que podía hacer ante la petición de reseñar esta megalomanía (el adjetivo no podía ser más acertado) que el MNCARS lleva proponiendo desde marzo de este año hasta el próximo septiembre.
La muestra - las muestras o, mejor dicho, las actividades- han sido diseccionadas por el museo en torno a cuatro apartados 'El movimiento como relación', 'El arte en la vida pública', 'El margen del centro' y 'Del archivo como dispositivo'. Es decir, las corrientes revisionistas de la Historia del Arte hegemónica - esa que nos enseñan en los libros de texto- más importantes, o con mayor calado en la arena crítica, de los últimos veinte años (del feminismo, no nos olvidemos, ya se encargaron con la reescritura de la colección).
Se agradece, de eso no cabe duda, la fantástica exposición retrospectiva de Santiago Miralda, 'De gustibus non disputandum' en el Palácio de Velázquez, y chirrían escandalosamente otras muestras y actividades cuya pertinencia en el marco general que la institución ha querido trazar - topografiar, incluso, visto el logo de la muestra que inunda la plaza de Santa Isabel - un lugar estupendo para las tardes de verano, por cierto.
Después de los revisionismos de "los esquizos" y "los encuentros de Pamplona" del 72, parece que el trazado de una "modernidad-otra" del Museo vuelve a desparramarse en discusiones posmodernas (que vienen a ser parecidísimas a las bizantinas, en muchas ocasiones). Una vez más, "exponemos" los "márgenes" sin ser conscientes de que desde los mismos estamos tratando de trazar el mapa (menos mal que esta vez no nos quedamos fuera conscientemente - o casi), y las citas a Habermas y Jameson parecen llegar - otra vez- demasiado tarde, demasiado a destiempo.
Pero bueno, ¿desde cuándo se le puede pedir a un museo - que tanto tiene de mausoleo- que se erija en vanguardia crítica?. De nunca, creo. Aunque tampoco está bien que el museo se travista a sí mismo de aparato crítico contra una modernidad unidireccional para acabar haciendo - de manera posmoderna, eso sí- lo mismo que hizo la propia modernidad - y es que echar mano de los mapas y tratar de agrupar hasta "lo otro" a mí, particularmente, me provoca un terrible vértigo. No será por falta de avisos sobre los problemas del pensamiento de vis hegemónica a estas alturas- y es que la marcha, como siempre, se demuestra andando.
Pedro Pablo — Dijo el 30/08/2010 12:49pm
No estoy nada de acuerdo contigo y tu comentario me parece profundamente reaccionario, mal asunto si el museo se contenta con su rol de mausoleo -sepulcro- y es incapaz de proponer nuevas visiones para el presente renovando el pasado.
Si voy a un museo, no sólo espero encontrarme objetos, sino también las ideas que justifican que esos objetos estén allí y qué me están contando.
( Hace 2 años )
Mará Benavides — Dijo el 05/09/2010 9:20pm
Deberías, Pedro Pablo, releer el artículo e intentar comprender la ironía. ( Hace 2 años )
Julio Pérez Manzanares — Dijo el 21/09/2010 7:26am
Estimado Pablo;
En primer lugar, gracias (tanto a ti como a Mará) por el interés que os haya podido suscitar el artículo.
Creo, como la Srta Benavides apunta, que quizá es que no has sabido captar - o yo no he sabido darle el apropiado tono- a la ironía que contiene el artículo. ¡Claro que lo ideal es que el museo sea un aparato crítico! Por desgracia, no es lo que sucede con el MNCARS y esta exposición que, amparándose en un supuesto tono "poscolonial" lo que hace es sostener un discurso profundamente colonialista - es decir, que se regodea, incluso, en su condición de mausoleo. Si d eun discurso verdaderamente crítico -muy de agradecer- se trata, mucho mejor ver, por ejemplo, la reorganización de la colección y los fondos del museo que ha hecho Juan Luis Moraza (si has podido verla confío en que coincidiremos en que esa muestra de mausoleo no tiene nada).
Muchas gracias, una vez más, por tu interés y por dar pie a algo tan extraño como el pensamiento crítico en los museos españoles: la discusión.
( Hace 2 años )