Las enormes y brillantes esculturas de Murakami inundan el Palacio de Versalles.
Abierta la veda por Jef Koons en 2008 y continuada la tradición por el francés Xavier Veilhan, es Takashi Murakami el encargado habitar las estancias del siglo XVII del Palacio de Versalles para el deleite o la perturbación de sus visitantes. Mañana, 14 de septiembre, comienza la exposición del artista pop japonés, que podrá verse en Versalles hasta el 12 de septiembre.
Murakami puede ser considerado como miembro del pequeño círculo de artistas que gozan de fama y reconocimiento -y buenos y sabrosos contratos- a escala global, siendo sin duda este uno de los principales motivos que le permiten hoy en día exponer en el palacio del rey Sol; como también ocurriera en el caso de Jef Koons. Conocido internacionalmente por una obra pop basada en la reinterpretación y la exportación de la estética manga y anime propia de su país, es decir, por sus pinturas y esculturas de colores brillantes y superficies pulidas, una especie de enormes muñecos que reproducen los personajes de un cómic.
Intentando huir de la polémica, que ya rodeó la primera intervención de Koons y sus titánicas esculturas de perros globo en colores chillones, Murakami se decantó por dejar de lado su obra más provocativa -como su célebre escultura de un joven en plena eyaculación- y centrar parte de su exposición en la historia 'La rose de Versailles', extraída de un popular cómic nipón de los años 70. El cómic narra una trágica y dramática historia que se desarrolla en Francia en el periodo de la Revolución. El propio artista afirma que de ahí podría extraerse la visión, sin duda equívoca y algo fantasiosa, que un japonés lector de la novela gráfica tendrá del Palacio de Versalles. Juega así Murakami con el transvase internacional de historia y cultura mediado por una cultura pop contemporánea; del mismo modo ahonda en la idea de un comisariado internacional que propone intervenir en el más conocido palacio francés a un artista de Japón.
Como era de esperar, la exposición no ha pasado inadvertida y el anuncio de la intervención de Murakami ha despertado la controversia entre los turistas que visitan el Salón de los Espejos. Incluso una sociedad de amantes del palacio, 'Versailles mon amour', ha comenzado a reunir firmas contra la exposición de Murakami.