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Mutaciones hacia lo divino. Entrevista con Jean-Baptiste Biche

Alberto García del Castillo

"Mes dessins c'étaient quoi... voluptueux et menaçant"

Nacido en el norte de Francia, Jean-Baptiste Biche vive y trabaja en Bruselas. En un camino andado a través de transformaciones, viaja con Kultura Urbana hacia la divinidad, sentado en una cafetería en el centro de Lille.

Kultura Urbana (KU): ¿Podríamos empezar estableciendo un símil entre tu vida y la performance?

Jean-Baptiste Biche (JBB): Yo diría que existe en ambos un principio, una mitad y un final, como una sucesión lógica; de hecho tengo la impresión de que estas tres partes se mezclan siempre entre si. Creo que por ello hago performance, porque cuenta también una historia, con partes fijas, aunque no siempre muy claras; es un bello conjunto para contar historias encubiertas de la infancia.

KU: Antes de adentrarte en la performance, empezaste por el dibujo; ¿cuál es tu relación con él?

JBB: Es como si mi mano tuviese de seis dedos, es completamente natural. Cuando no soy capaz de hablar, escribir o fotografiar, entonces dibujo. Yo no explico, no escribo, no hago fotos, yo dibujo. No es sólo instintivo, es una prolongación del cuerpo que remplaza la pablaba en mí; el resto no funciona.

KU: Podríamos pensar en tus ilustraciones como medusas, ¿podrías proponer alguna imagen que nos hable de ellas?

JBB: No es tan abstracto. Adoré cuando alguien definió mis dibujos como "una voluptuosa amenaza"; hace mucho tiempo de ello, pero funcionará siempre. No es el sujeto, no es el estilo; es sólo voluptuoso y amenazante, como una rosa repleta de espinas.

KU: También has creado instalaciones como ‘Soft Parade and the Boys'; ¿qué camino se recorre entre el dibujo y la instalación?

JBB: Hasta ese momento mis dibujos se apilaban en cajas; pero, al final de mis estudios, se volvió oficial y debía preparar una exposición. Yo ya había probado en la moda y comenzaba con algunos números de travesti, tenía que pensar el espacio como un conjunto; preparé una instalación en que pinchaba música y servía vino -algo más que el estudiante bien vestido al lado de su obra- la cual fue tomada por mis profesores como una traición. En cambio, un jurado exterior reafirmó mis ideas; tenía que dejar ese medio, yo sabía que aquello marchaba, sólo que no estaba en el lugar adecuado, delante de la gente indicada.

KU: Entre otras participaciones, fuiste invitado como artista para formar parte del proyecto ‘Hugo Boss Window'; ¿qué valor otorgas a estas colaboraciones?

JBB: He colaborado con numerosas pequeñas marcas, aunque siempre se vuelve recurrente el trabajo con Hugo Boss en aquella enorme operación de marketing que utiliza la creación de jóvenes artistas para renovar su imagen de marca. Veinte artistas colaboraron en el proyecto en toda Bélgica, aunque sólo dos éramos remarcables. Cabe decir que la repercusión de este trabajo no fue ni mucho menos lo que ahora puede parecer.

KU: La moda también está presente en tu trabajo de performance. ¿Qué importancia reside en el hecho de que seas tú quién crea el vestuario de tus actuaciones?

JBB: Sólo en la primera performance no me sentí capaz ni tuve el tiempo de hacerlo, pero a partir de entonces empleo muchísimo esfuerzo en conocer y experimentar en la confección del vestuario. Durante este tiempo puedo pensar qué va a pasarse en escena, conociendo los detalles de mi vestimenta se qué tengo derecho a hacer con ella y que no, y eso es genial. Cualquier coreógrafo se escandalizaría al saber que no preparo mis coreografías, pero yo las pienso mientras creo el vestuario. Para ‘Mutations', mi último trabajo, tuve que desmontar tres estolas de cura, lavar las partes a mano, teñir las telas en rojo Burdeos; todo estaba pensado en función de estas partes, pero haciendo el traje me vi obligado a ceñirlo más y más, incluso centré el corsé muy alto, lo que hace dificilísimo entrar en él y arroja la imagen de una silueta de alien; la respiración y la visibilidad están marcadas por la ropa y he de adaptarme a ella. Pasé un mes a hacer lo que un profesional haría en dos semanas, pero es así cómo conozco de verdad qué movimientos me están permitidos. Es excitante, es como crear tu propia marioneta, claramente tiene un lado Pinocho.

KU: En tus performances, el vestuario ayuda a una transformación del cuerpo, ¿podemos ver la traza de una mutación en todos tus trabajos?, ¿es esta relación la que te permite reunir tu trabajo anterior en ‘Mutations'?

JBB: Es ésta una focal constante no voluntaria. Hice mis performances en intervalos de seis meses, cuando las coloqué juntas para ‘Mutations' partí de la idea de desnudarse, pero rápidamente la cuestión de vestirme me pareció mucho más interesante en relación con el concepto de construcción y transformación, y huyendo claramente de la relación automática entre desnudo y ofrenda del interior. Hay un ritmo inverso entre los vídeos proyectados de mis anteriores performances en que me desnudo y ésta en que me visto. Pasamos en cambio de una máscara a otra, vemos algo que se desencarna con fragilidad, dudoso; el insecto salvaje que vemos al comienzo tiende hacia algo que no es humano porque no es natural.

KU: Acabaremos por saber a qué mutaciones querría Jean-Baptiste Biche someterse en el futuro.

JBB: Definitivamente inhumano, "sur et certain, clair et net". Aún me divierte trabajar con el género o con el movimiento animal, pero lo que más me interesa es la divinidad; aquello que sobrepasa tu cuerpo, tu mente, la comunidad. Por ello lo divino es tan fuerte en el imaginario colectivo. Quiero probar qué resultados tiene caminar hacia allí, aunque se que nunca llegaré.

 

 

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