El Salone Internazionale del Mobile es el escaparate mundial más importante de la industria del mueble, cita indispensable para diseñadores, interioristas y empresarios. En esta 49ª edición, Milán le planta cara a la incertidumbre económica.
¿Cómo lo hace? A base de nostalgia. Nostalgia de la pureza, la simplicidad y la calidad. Rememorando incluso nuestros propios ritos y mitos. Revisitando los orígenes mismos del diseño del mueble, haciendo uso de la madera maciza. Para muestra un botón: el nuevo silloncito ‘Twenty-two' para Ceccotti, de madera curvada, trascendiendo al Art Nouveau. Incluso cuando las formas se simplifican, como en el perchero ‘Tabard' de Denis Santachiara para Pellucco, el resultado sigue entrelazado a la memoria.
La estética del diseño evoluciona y se referencia en lo étnico y artesanal. Procesos constructivos que rememoran otros tiempos; cueros, trenzados, maderas y materiales reciclables son tendencia. Mientras el sofá "Ruche" de Inga Sempe para Ligne Roset nos traslada a le estética hippie de los 70, Moroso presenta una nueva colección de sofás diseñados por Patricia Urquiola a modo de cestos de mimbre. Pasan de moda los lacados y acabados brillantes, dejando paso a lo autentico, lo natural, lo sencillo y sin duda, lo ecológico.
Si algo se concluye de esta edición, es que los valores cambian. Si antaño la producción en serie seguía los dictados de los diseñadores estrella, ahora la practicidad, la conciencia y el ahorro se enfrentan al virtuosismo y al lujo de los grandes nombres. Pero las posturas radicales sin equilibrio no tienen buena prensa. Vitra, con su nueva ‘Chairless', se lleva la palma.