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Tiembla Inglaterra

Emilio Calzada

Suenan tambores de guerra en el nuevo álbum de PJ Harvey, 'Let England Shake', concebido como un canto de amor y odio a Inglaterra.

Especialista en sorprender con registros inesperados, PJ Harvey abandona el claustrofóbico intimismo de sus últimos trabajos para abrazar la tradición del folk-rock obrero en un flamante repertorio que combina cristalinas guitarras y cítaras con ardientes versos poblados por soldados muertos, fantasmas de capitanes de navío y otros cadáveres de la Gran Bretaña, esa vieja dama imperialista con las manos tan manchadas de sangre y los reflejos tan anquilosados como los de Europa, su pariente pobre del continente, aunque infinitamente más desdeñosa en su arrogante insularidad.

"Disfruto pareciendo una fulana y pensando como un político". A mediados de los 90 PJ Harvey pulverizaba lenguaraz los torvos intentos de la prensa musical británica por especular con su perturbadora imagen. Era sólo una veinteañera estudiante de Bellas Artes con un físico alarmantemente frágil y una voz inusitadamente poderosa cuando invadió la escena indie londinense con un puñado de canciones desafiantes, repletas de nervio punk y juvenil procacidad. Aquel primer disco, certeramente titulado 'Dry', sacudió sótanos a ambas orillas del Atlántico y llegó a oídos del mesías Kurt Cobain.

A partir de ahí el mito se formó a dentelladas: el rock seminal y abrasivo de 'Rid of me' electrificó a la chica rara para convertirla en una bestia sexual enloquecida, el exquisito blues de cámara de 'To bring you my Love' envolvió en satén rojo y frío acero su afilado talento compositivo y el encanto pop de 'Stories from the city, stories from the sea' demostró que PJ también podía seducir a audiencias más amplias.

La PJ Harvey del siglo XXI parece obstinada en huir de sí misma para explorar nuevos horizontes. Su décimo álbum, 'Let England Shake', es una obra desconcertante, elusiva, al mismo tiempo etérea y brutal. Como es habitual en los discos de Harvey, no hay minutos sobrantes, recursos fáciles ni alusiones obvias. Las melodías cierran círculos perfectos en menos de dos minutos y las letras cobran un relieve casi literario, iluminando de un raro lirismo el historial bélico británico desde la I Guerra Mundial. La indómita elegancia de Dylan late al fondo del escenario.

El fotógrafo de guerra Seamus Murphy ha rodado doce clips para ilustrar los doce cortes del disco. Alternan las imágenes de un largo viaje por las islas británicas con instantáneas tomadas en Irak, Afganistán y Oriente Medio, y rompen las habituales reservas promocionales de la cantante con un despliegue documental de varios meses de recorrido. Además, PJ sale de nuevo de gira con parada en el explosivo Primavera Sound de este año. Será el sábado 28 de mayo en Barcelona. La estábamos esperando.

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